Definición de Obra de Arte

Entendemos por obras de arte a aquellas producciones que, en determinado momento histórico, son susceptibles de incorporarse a los circuitos socialmente reconocidos como artísticos.

Lilén Gomez | Dic. 2021
Profesora en Filosofía

No cualquier creación en la cual se plasme la intención del artista, sus ideas o sentimientos, sobre un material, será considerada como una obra de arte. Del mismo modo, una expresión puede no ser considerada artística en un momento y sí serlo en otro. Es por ello que resulta tan difícil dar una definición estática a partir de los rasgos que caracterizan a una obra de arte, puesto que ellos se transforman con el devenir de las diferentes épocas.

El origen del arte

Usualmente, se ha ubicado el origen del arte en la Grecia clásica, luego reivindicado como canon cultural a lo largo del Renacimiento europeo. No obstante, esta tesis ha sido discutida por filósofos como Georges Bataille, en su obra Lascaux o el nacimiento del arte (1955), o Jean Luc Nancy, en “Pintura en la gruta” (1994). En Occidente, se ha tomado a la cultura y el arte griego como punto de partida, pues con ello se buscaba trazar una identificación en función de la construcción de un modelo originario. Es decir que, según la crítica que elaboran ambos filósofos, hemos ubicado el origen del arte en Grecia intencionalmente, porque buscamos que nuestras sociedades se parezcan a la imagen que nosotros mismos hemos construido en torno a la Antigüedad clásica.

No obstante, hay otra explicación posible sobre el origen histórico del arte. Fueron los hombres de las cuevas (como en el ejemplo paradigmático de la Cueva de Lascaux, en Francia) quienes han dejado los primeros rastros de obras de arte, a saber, las pinturas rupestres encontradas en las paredes de dichas cuevas. Así, el arte nace, en rigor, en el Paleolítico. Los frescos en las cuevas dan testimonio de la capacidad de los hombres de crear obras que no tienen fines necesariamente utilitarios, a diferencia de las herramientas.

Arte y estética

La obra de arte en cuanto tal comienza a ser un objeto de estudio para la Estética como disciplina en la Modernidad, a partir de la Crítica del Juicio (1790) de Immanuel Kant, que inicia un giro desde las estéticas empiristas (centradas en la experiencia artística del sujeto) hacia una filosofía del arte. En la filosofía kantiana, la obra de arte depende aún del sujeto, porque es resultado de la creación del genio, cuyo talento consiste en dar a la obra las reglas de la naturaleza, como si mediante sus procedimientos creativos se expresara la naturaleza ella misma (y no por imitación).

Más adelante, con la estética idealista de Georg W. F. Hegel, la obra de arte se convertirá en un objeto privilegiado para el despliegue del espíritu, a través del cual el hombre se vuelve autoconsciente. El Arte constituye una manifestación de lo verdadero en el ámbito sensible, en consecuencia, lo esencial es su concepto. Junto con la Religión y la Filosofía, se trata de una esfera que posibilita al hombre la reflexión sobre sí mismo, que lo acerca al conocimiento de lo absoluto. Tal primacía del concepto en la obra de arte será puesta en cuestión por las corrientes materialistas en estética (por ejemplo, en la Teoría Estética (1970) de Theodor Adorno), para las cuales no hay una relación de significación entre la forma y el contenido de una obra, sino que ambas se hallan en un mismo plano inescindible.

Finalmente, podemos ilustrar la idea de cómo una obra de arte se convierte en ello en cuanto pasa a formar parte de un circuito artístico determinado, con el famoso ejemplo de la obra de Marcel Duchamp, “La Fuente” (1917). Se trata de un urinario blanco de porcelana, que fue enviado a la Sociedad de Artistas Independientes en Estados Unidos para su inclusión en la exposición de ese año. El gesto de Duchamp revoluciona los estándares artísticos del momento, ya que pone en discusión qué es y qué no es arte, tensionando los límites de la institución artística; al mismo tiempo que funda el arte conceptual del siglo XX.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Trabajo publicado en: Dic., 2021.
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Referencias

- Bataille, G. (2003), Lascaux o el nacimiento del arte. Alción Editora.

- Nancy, J. L. (1994 [2008]): “Pintura en la gruta” y “El vestigio del arte” en Las musas. Amorrortu.

- Kant, I. (1984), Crítica del juicio, trad. Manuel García Morente, Madrid, Espasa Calpe.

- Hegel, G. W. F., Lecciones sobre la estética, trad. Alfredo Brotons Muñoz, Madrid, Akal, 1989.
 
 
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