Definición de Identidad

1. Factores característicos socioculturales históricos, intereses y/o pensamientos individuales manifiestos y compartidos simultáneamente por el grupo social o la sociedad a la que pertenecen.

2. En lo individual, es una construcción dinámica, en constante evolución, sobre la suma de tradiciones, costumbres, formación académica, religión e ideología política, estado social, intereses, aptitudes, género autorreconocido, nacionalidad, constitución familiar, y características biológicas presentes en el individuo que le permiten saber quién es y de dónde proviene.

3. Derecho universal que le corresponde a cada ser humano, sobre la base de su nombre y un documento registrado y reconocido por el Estado.

Etimología: Por las formas del latín tardío identĭtas, identĭtātis, respecto de idem, por ‘igual’, ‘lo mismo’.

Cat. gramatical: Sustantivo fem.
En sílabas: i-den-ti-dad.

Identidad

Lilén Gomez | Mayo 2022
Profesora en Filosofía

El principio de identidad lógica

En el ámbito de la lógica clásica, el principio de identidad es un principio formal, el cual sostiene que toda entidad es idéntica a sí misma (a saber, “A es A”). De acuerdo con este criterio, “A” solo es idéntico a “B” siempre y cuando “A” y “B” refieran a la misma entidad.

La identidad personal

La identidad personal, en líneas generales, consiste en el proceso por el cual los individuos construyen su pertenencia a un determinado grupo humano, más allá de los lazos biológicos que los unen a un agregado de individuos u otro. Muchas veces, la identificación con una cierta comunidad se construye por la negativa, es decir, los miembros de un grupo se determinan a partir de la exclusión de quienes no forman parte de él.

La identificación con una colectividad en particular supone una jerarquización de algunos rasgos por sobre otros: en la medida en que, empíricamente, cada individuo puede determinarse en función de una infinidad de caracteres, éste elige destacar uno por sobre los demás, en función de la construcción de una identidad dada. Por ejemplo, un ser humano puede definirse por ser, al mismo tiempo, hijo, trabajador, padre, miembro de un club, etc.; ahora bien, a la hora de identificarse como parte de una asociación gremial, destacará su rasgo como trabajador, por sobre sus demás notas características.

A lo largo de la historia, la identidad nacional, en virtud de la cual los individuos se reconocen como ciudadanos de un Estado o de una comunidad política, ha sido una de las formas de identificación más relevantes a nivel social. Como consecuencia de una crisis de las estructuras tradicionales de la identidad, hacia la década de 1960, han emergido importantes movimientos organizados a partir de una política de la identidad disidente —los cuales admiten una superposición entre sí, a saber, una interseccionalidad—, por ejemplo, los movimientos feministas, los movimientos de lucha contra el racismo o los movimientos queer.

La transformación a la que se asocia la conformación de tales movimientos puede ubicarse en un cambio en la conceptualización de la identidad como un producto de la posición ocupada por los individuos en la estructura social, que pasa a considerarse poniendo el foco en la dimensión discursiva de lo identitario, en la cual se inscriben las prácticas de identificación. Luego, la identidad pasa a comprenderse como una construcción móvil, no inflexible.

Teorías sobre la identidad

La problemática de la identidad personal —entendida como la conformación de individuos estables a lo largo del tiempo, con consciencia sobre sus actos— ha sido uno de los tópicos más revisitados en las ciencias sociales y las humanidades. En el último siglo, se han multiplicado los debates entre diferentes perspectivas teóricas en torno a lo identitario. Pueden mencionarse tres grandes corrientes que han tematizado dicha cuestión. En primer lugar, aquella que piensa la identidad desde las tesis del multiculturalismo, asumiendo como supuesto fundamental la distinción entre identidad y alteridad. En segundo lugar, la comprensión de la identidad como un proceso de mismidad, que responde a la construcción identitaria como un reflejo sobre sí mismo, a partir de una otredad. Por último, la corriente conocida como “postestructuralista”, que ubica la noción de identidad como el resultado de una producción y, así, como un elemento que puede ser permanentemente transformado.

La identidad como acto performativo

Dentro de esta última corriente, se ha destacado la idea —elaborada por la filósofa Judith Butler (1956)— de la producción de identificaciones como resultado de actos performativos. Desde esta perspectiva, ninguna identidad consiste en un carácter esencial o estable, sino que es “actuada” de forma permanente, a través de acciones que se repiten en el tiempo o que pueden ser actuadas en forma diferida. En este sentido, toda subjetividad es performativa, ya que no se afirma de una vez y para siempre, sino que debe ser recreada a través del tiempo, por medio de actos de habla, gestos, modos de vestir, modos de expresarse, y demás.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Mayo 2022; sobre el original de abril, 2013.
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Referencias

Gamut, L. T. F., & Durán, C. (2002). Introducción a la lógica. Buenos Aires: Eudeba.

Hobsbawm, Eric J. (1994) Identidad. Revista Internacional de Filosofía Política (3), 1994, p. 5-17. ISSN 1132-9432

Hobsbawm, E. (2000). La izquierda y la política de la identidad. New Left Review, 24, 114-125.

Seccia, O. C. (2013). Identidad y política: una revisión crítica de las teorías de Louis Althusser, Michel Foucault y Judith Butler.
 
 
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