Definición de Filosofía Moral

1. La filosofía moral se dedica a estudiar los éxitos y fracasos de la conducta y el carácter de una persona en relación con los demás sobre la base de la evaluación de las teorías éticas -metaética, ética normativa, y ética aplicada- para explorar los principios de la moral humana.

Etimología: Filosofía, por el latín philosophĭa, con base en el griego φιλοσοφία philosophía, cuya interpretación manifiesta el ‘amor por el conocimiento’.+ Moral, por el latín morālis, constituido por mōr- , de mōs, que remite a ‘costumbre’, y el sufijo -ālis, en función de pertenencia, calco del griego ἠθικός (ēthikós), de ‘ética’, en cuanto se refería a la moral en la Antigua Grecia.

Cat. gramatical: Sustantivo masc.
En sílabas: fi-lo-so-fí-a + mo-ral.

Filosofía Moral

Lilén Gomez | Agosto 2022
Profesora en Filosofía

Rama de la filosofía que plantea la pregunta por la moral, es decir, por los modos en que vivimos con otros, de acuerdo con ciertas normas y costumbres. No existe un consenso universal respecto de la definición de moral, es por ello que bajo la noción de filosofía moral comprendemos una serie de teorías diversas que estudian tal problemática desde diferentes perspectivas. De manera general, es posible señalar dos amplias tendencias al interior de este campo de estudio, por un lado, el universalismo y, por el otro, el particularismo moral.

Universalidad e imparcialidad moral

Durante la modernidad, las teorías dominantes al interior de la filosofía moral tuvieron en su mayoría, como denominador común, la caracterización de los juicios morales como esencialmente imparciales. En consecuencia, la condición de posibilidad para que un juicio fuera moral era que éste hubiera sido emitido desde una posición neutral, haciendo abstracción de cualquier circunstancia particular, de modo tal que resultara desinteresado.

Para que un juicio moral sea justo, debe ser, al mismo tiempo, objetivo (es decir, no depender de valoraciones, opiniones o emociones subjetivas), universal e igualitario (debe obligar y ser aplicable a todos los individuos por igual). En este sentido, las condiciones por las que un individuo actúa de cierta manera serían prescindibles a la hora de juzgar su conducta moralmente. La concepción universalista de la moral se apoya sobre una fundamentación racional y argumentativa, que tiende a privilegiar la forma de los juicios por sobre su contenido. Tanto la filosofía moral kantiana —basada en el imperativo categórico— como la ética utilitarista —por ejemplo, bajo el principio de mayor felicidad de Bentham— constituyen ejemplos de este tipo de teorización.

Las derivas universalistas al interior de la filosofía moral han sido criticadas por su omisión de las diferencias y singularidades propias de los actores humanos, ya sea al interior de un conjunto social o entre distintas sociedades. A su vez, la noción de imparcialidad, en ciertos casos, resulta contraria al sentido común. Por ejemplo, si frente a una catástrofe un hombre decide salvar a su hijo antes que a otro hombre desconocido para él, ello sería potencialmente incompatible con el principio de imparcialidad; no obstante, no sólo usualmente se esperaría que el hombre actuara de esa forma, sino que la elección sería difícilmente criticada.

Particularismo moral

A partir de las críticas esbozadas contra el universalismo, algunas teorías han optado por la noción de particularidad moral, poniendo en cuestión las características de abstracción y formalidad de los juicios de moralidad. El particularismo toma en cuenta a los individuos concretos, en sus contextos y situaciones particulares. Desde esta perspectiva, se sostiene que en el ámbito de la ética debe atenderse a una casuística (es decir, al análisis de cada caso, en relación con las condiciones materiales e históricas del hecho en cuestión), por sobre una aplicación mecanizada de principios morales generales.

Desde el punto de vista de un particularismo puro o radical, no existe ningún principio que pueda ser aplicado indistintamente a situaciones distantes en el tiempo y el espacio para determinar el modo correcto de actuar moralmente. Aquello que en un contexto podría resultar “moralmente” válido puede no serlo en otro contexto diferente. En consecuencia, ciertos presupuestos pueden ser considerados relevantes para determinar un juicio moral, pero no deben ser tenidos en cuenta necesaria e invariablemente. Así, el particularismo puro sostiene que la ética es independiente de los principios morales, oponiéndose a la imparcialidad como fundamento de la moralidad.

Por su parte, el particularismo moderado no niega la existencia de principios cuyo valor moral trasciende el contexto particular de aplicación; no obstante, pone énfasis sobre la idea de una parcialidad moral. La parcialidad moral da cuenta de los sesgos en la toma de decisiones basados en afectos o preferencias por determinadas personas en particular (tal como en el ejemplo del hombre que salva a su hijo). Luego, según el particularismo moderado, habría ciertos contextos en los cuales la parcialidad no resulta inmoral, sino necesaria.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Art. actualizado: Agosto 2022; sobre el original de mayo, 2015.
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Referencias

Rachels, J. (2021). Introducción a la filosofía moral. Fondo de cultura económica.

Alegría Fuentes, D. (2019). Imparcialidad y particularismo moral. Tópicos (México), (56), 365-392.

Corbí, J. E. (2019): “Particularismo moral”, Enciclopedia de la Sociedad Española de Filosofía Analítica.
 
 
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