Definición de Dominación

La dominación es un ejercicio entre actores a base de confianza, legitimidad, autoridad, reglas, costumbres y estructuras sociales, donde se obedece, somete, o acata a un sistema de ideas.

Lilén Gomez | May. 2022
Profesora en Filosofía

Poder y dominación

Siguiendo las elaboraciones de Max Weber (1864-1920) —considerado como uno de los principales fundadores de la sociología—, entendemos por poder a la probabilidad de imponer la propia voluntad en el marco de una relación social; mientras que la dominación consiste en la probabilidad de que las personas acepten obedecer un determinado mandato y se subordinen por su propia voluntad. La obediencia puede responder a diversas causas: un interés particular, una consideración racional de las ventajas y desventajas que resultarían de la obediencia a cierto mandato, la costumbre o el hábito, causas afectivas, inclinaciones personales de quien obedece, etc.

Ambas nociones, el poder y la dominación, adquieren significancia en el contexto del Estado moderno, en tanto se trata de una relación social que se mantiene en el tiempo. No cualquier forma de ejercicio del poder sobre otros hombres implica dominación. Especialmente, la dominación ligada al gobierno se apoya sobre la legitimidad como fundamento conceptual. De acuerdo con el modo en que adquiere legitimidad, entonces, existen distintos tipos de dominación. La clasificación de tales tipos “puros” o ideales —los cuales, en la realidad histórica, pueden aparecer mezclados o presentar sólo algunos rasgos y otros no— se basa en la efectividad de los motivos en virtud de los cuales el actor dominante reclama que el aparato administrativo (a saber, el aparato que ejecuta y garantiza los mandatos) y los dominados se sometan a sus órdenes.

La dominación legal

La dominación legal es aquella que toma como fundamento la norma establecida. Ésta puede adoptar diversas formas; no obstante, su expresión más “pura” se manifiesta bajo la administración burocrática, propia del Estado moderno. Se trata de una forma de dominación racional, en la cual el aparato administrativo adquiere su legitimidad a partir de su relación con el derecho.

El cuadro administrativo que la caracteriza está conformado por funcionarios cuyas tareas están legalmente establecidas, por lo tanto, la obediencia no se dirige a la persona individual por su propio derecho, sino a la norma estatuida, porque ella impone el deber de ser acatada. De este modo, el fundamento del poder del que manda es la norma formal abstracta, que dicho actor adecúa a determinados fines particulares, según su interés.

A este tipo responden también otras estructuras, además del cuadro administrativo estatal, a saber, las formas empresariales privadas capitalistas u otras asociaciones orientadas a fines, siempre que dispongan de un cuadro administrativo organizado jerárquicamente.

La dominación tradicional

La dominación tradicional se legitima en la existencia “desde siempre” de su poder de mandato. En este caso, el tipo más puro es la dominación patriarcal, a instancias de una comunidad. Se obedece a un señor o patriarca en virtud de la costumbre, es decir, la dominación se apoya sobre normas fijadas por la tradición (y, en menor medida, sobre la gracia otorgada discrecionalmente a sus servidores, a través de favores personales concedidos a ciertos individuos).

El fundamento que legitima la dominación tradicional es, así, la fidelidad personal y no el deber regido por las normas. Ello deriva en que los medios de administración son dirigidos enteramente por el señor, de acuerdo con sus propios intereses, de modo tal que no hay garantía frente a las arbitrariedades que éste ordene. En ese sentido, tal tipo de dominación es característico de los gobiernos despóticos.

La dominación carismática

En la dominación carismática, la obediencia responde a las cualidades que se le atribuyen al líder, de carácter emotivo, ligadas, por ejemplo, a la capacidad de oratoria, las hazañas heroicas, las facultades mágicas o religiosas. Por este motivo, se caracteriza por su irracionalidad.

Los tipos puros de esta forma de dominación son la dominación de los profetas, de los guerreros o los demagogos, cuyo ejercicio del mando es propio de la figura del “caudillo”. La obediencia se produce bajo la forma de una agrupación de seguidores, que se someten al caudillo en virtud de sus cualidades “extraordinarias”. De este modo, se trata de una forma que descansa sobre el carisma del líder y, luego, solamente se mantiene mientras dicho carisma se corrobora a través de pruebas ante las masas de seguidores, por lo que no es estable ni duradera.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea. May., 2022.
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Referencias

Weber, M. (1958). Los tres tipos puros de dominación legítima. Revista de Ciencias Sociales, (3), 301-316.

Figueroa, J. J. C., & Rodriguez, J. J. Ñ. (2017). Una mirada crítica al concepto de dominación y racionalidad en el pensamiento de Max Weber. Revista Faia, 6(27), 3.

Martínez-Ferro, H. (2010). Legitimidad, dominación y derecho en la teoría sociológica del Estado de Max Weber. Estudios socio-jurídicos, 12(1), 405-427.
 
 
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