Definición de Darwinismo Social

El concepto del darwinismo social proviene de una extrapolación de la teoría de la evolución, entendida en clave de una supervivencia del más apto, a la explicación del orden social. En este marco, propone una fundamentación de la lucha social sobre las ideas del evolucionismo biológico, desarrollado principalmente por los biólogos Charles Darwin (1809-1882) y Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829).

Lilén Gomez | May. 2022
Profesora en Filosofía

En líneas generales, el darwinismo social sostiene que las sociedades humanas progresan históricamente de acuerdo con leyes naturales, a saber, la ley de la selección natural, a través de la supervivencia de los individuos más aptos. Así, existiría un determinismo biológico de los grupos humanos, por el cual se justificaría necesariamente la existencia de relaciones de opresión entre clases y la desigualdad entre los hombres. Es por ello que, ya entrado el siglo XX, esta noción será ampliamente cuestionada, no sólo desde corrientes teóricas inscriptas en las ciencias sociales y las humanidades, sino también dentro del ámbito mismo de las ciencias biológicas, por ejemplo, desde el punto de vista de la genética moderna.

El principal referente de la idea del darwinismo social ha sido Hebert Spencer (1820-1903), según quien la sociedad humana se comportaba como un organismo vivo, de modo tal que ella debía responder a las mismas leyes que cualquier otro organismo. De este modo, encontraba una causación natural de la sociedad, que se expresaba en una identidad entre evolución social y progreso.

El origen del concepto

Si bien la principal obra de Darwin, El origen de las Especies (1859) no fue la primera en sugerir la idea de la evolución y de los mecanismos de selección natural en el campo de la biología, ésta tuvo una gran pregnancia que puede ser explicada por el contexto de su publicación. Inglaterra se hallaba, hacia fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, en plena expansión colonial y en el auge de la Revolución Industrial, cuya contrapartida había sido la profundización de la desigualdad entre la burguesía y la clase trabajadora. En esa coyuntura, se desarrollaron teorías como la del economista Thomas Malthus (1766-1834), quien establece la hipótesis de que el aumento poblacional, frente a la disponibilidad de los recursos alimenticios en condiciones de producción favorables, se dirime siempre a partir de una lucha por la supervivencia.

La teoría malthusiana concluía que, en virtud de la propia dinámica natural de las poblaciones, era inútil destinar políticas sociales a combatir la desigualdad económica, ya que ésta era el resultado necesario de leyes naturales. Así, constituía una justificación ideológica de la política liberal del laissez faire, según la cual el estado no debía intervenir en el libre juego del mercado, autorregulado por una “mano invisible”, en términos de Adam Smith (1723-1790). De esta manera, se conformaba un entramado científico-conceptual que servía de apoyo a los intereses de las clases dominantes.

Hacia 1851, Hebert Spencer recupera, en su obra La Estática Social, tal entramado conceptual, bajo la figura de la supervivencia del más apto como motor de las relaciones sociales, atravesadas siempre por la competencia para sobrevivir. Según Spencer, la ciencia confirmaba que los individuos biológicamente más eficaces son quienes se imponen en dicha competencia. Bajo este clima de época, las doctrinas económicas y sociales de Malthus y Spencer fueron asociadas, entre la burguesía inglesa, a la explicación darwinista de la evolución de las poblaciones, desde una perspectiva que resultaba conveniente a su posición social.

Darwinismo social y la falacia naturalista

No obstante lo dicho, existen muchas críticas a la interpretación de que la teoría de la evolución darwinista pueda explicarse como una sucesión de procesos de competencia con un fin naturalmente beneficioso y, por lo tanto, aceptable en términos morales al interior de las sociedades humanas. En esta línea, se ha denominado falacia naturalista a la idea de que transpolar un orden natural a la explicación de procesos sociales del ser humano sería éticamente aceptable. Esta falacia se basa en tres premisas: en primer lugar, que los procesos naturales se producen con arreglo a fines; en segundo lugar, que tales fines son naturalmente perfectos; y, en tercer lugar, como consecuencia, que todas las etapas previas se perfeccionan progresivamente hasta alcanzar tal fin.

Dado que la teoría de la evolución darwiniana no sostiene, en ningún caso, que los procesos evolutivos tiendan hacia un fin previamente determinado, por un lado, no cabría interpretarla bajo el esquema de la falacia naturalista; por otro lado, resulta erróneo el nombre de “darwinismo” social que ha recibido dicha tendencia, ya que carece de sustento en los desarrollos del propio Darwin.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Trabajo publicado en: May., 2022.
×
 

Referencias

Pérez, J. L. M. (2010). La ideología del" Darwinismo social": la política social de Herbert Spencer (II). Documentación Laboral, (90), 11-57.

Sandín, M. (2000). Sobre una redundancia: el darwinismo social. Asclepio, 52(2), 27-50.
 
 
Índice
  • A
  • B
  • C
  • D
  • E
  • F
  • G
  • H
  • I
  • J
  • K
  • L
  • M
  • N
  • O
  • P
  • Q
  • R
  • S
  • T
  • U
  • V
  • W
  • X
  • Y
  • Z