Definición de Apariencia

La apariencia es el modo en que algo se nos presenta en la experiencia sensible. Se trata del conjunto de características que podemos percibir, tales como la forma o el color.

Lilén Gomez | Ene. 2022
Profesora en Filosofía

La apariencia en el pensamiento antiguo

La oposición entre apariencia y realidad resulta clave para entender la noción de apariencia en el mundo antiguo. Lo aparente, tal como lo percibe el sujeto, consiste en cómo algo se muestra; pero la realidad puede diferir respecto de esa apariencia. Cuando percibimos algo, nuestros sentidos pueden fallar, por ejemplo, cuando al observar un sorbete dentro de un vaso con agua, éste parece “quebrarse” al atravesar la superficie.

Ahora bien, la apariencia, en el mundo griego, no solamente se consideraba irreal como consecuencia del error posible involucrado en las ilusiones perceptivas, sino que se entendía fundamentalmente como una falsedad en el plano de lo cognoscitivo. La realidad no es lo que se nos aparece y podemos percibir a través de nuestros sentidos, sino la esencia de las cosas (ya sean las Ideas en Platón o las Formas en Aristóteles, por citar algunos ejemplos), a la cual podemos acceder solamente por medio del intelecto.

El argumento de la ilusión en la Modernidad

El argumento del engaño de los sentidos o de la “ilusión” será retomado en la Modernidad por René Descartes (1596-1650), que lo lleva hasta sus últimas consecuencias en sus Meditaciones Metafísicas. Uno de los pasajes más famosos de dicha obra es el del “genio maligno”: allí, Descartes supone la existencia de un genio maligno —de allí su nombre— que nos hace fallar sistemáticamente en todas nuestras percepciones, de modo tal que no podemos confiar en nuestros sentidos como fuente de conocimiento. Luego, es preciso explorar de qué manera podemos tener certeza sobre lo que conocemos, pues no tenemos la seguridad de que nuestras percepciones sean reales.

El problema general podría resumirse del siguiente modo: para poder distinguir entre realidad y mera apariencia, necesitamos establecer un criterio que nos permita distinguir claramente entre una y otra. El único modo posible de descubrir una ilusión como tal, es poder confrontarla con aquello que conocemos con certeza indubitable.

La estrategia general de las Meditaciones Metafísicas consiste en hallar un criterio bajo el cual sea posible diferenciar la ilusión de la realidad; este criterio dependerá, a su vez, de las posibilidades humanas de conocer lo real, bajo la garantía de Dios como fundamento de nuestras facultades cognitivas.

El desmontaje de la oposición entre apariencia y realidad

En la filosofía nietzscheana, la oposición entre “mundo aparente” y “mundo verdadero” es desmontada: Nietzsche (1844-1900) sostiene la tesis de que el mundo verdadero es, en verdad, falso; mientras que el mundo aparente es el único que podemos conocer. El mundo aparente había sido rechazado por la tradición filosófica por tratarse de un mundo cambiante, atravesado por la multiplicidad, por oposición al mundo verdadero, en el cual las esencias de las cosas son únicas y eternas. Para Nietzsche, la única forma de afirmar la realidad de dichas esencias será negando las características del mundo real en el que vivimos, es decir, el mundo sensible. Es por ello que semejante operación conceptual solamente puede dar como resultado un engaño de la mente.

La operación de desmontaje que efectúa el filósofo tiene una doble implicancia: por un lado, subvierte la estructura metafísica y ontológica que había sido heredada del platonismo; por otro lado, reconfigura el orden gnoseológico, rehabilitando la posibilidad de tener un conocimiento que no quede recluido dentro de los límites de la razón.

Las nociones de apariencia, ficción o, incluso, de farsa, adquieren en Nietzsche una potencia radical: la condición de la vida no es, en adelante, el conocimiento de una verdad indubitable; sino, muy por el contrario, la vida solamente puede devenir allí donde no hay una afirmación de verdades absolutas. Para vivir, necesitamos sostener ciertas verdades, pero estas son simples ficciones útiles, cambiantes, que no pueden ser garantizadas como verdades últimas, puesto que no hay ningún fundamento último de la realidad.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea. Ene., 2022.
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Referencias

Boeri, M. D. (2007) Apariencia y realidad en el pensamiento griego: Investigaciones sobre aspectos epistemológicos, éticos y de teoría de la acción en algunas teorías de la Antigüedad. Colihue.

Martínez Sánchez, A. (1994) La estructura ser/apariencia en Niezsche. Quaderns de pensament (UIB), 21-22.
 
 
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