Definición de Androcentrismo

Se entiende por androcentrismo al punto de vista que ubica al sujeto masculino como centro de referencia respecto de la naturaleza y la cultura, desde el cual se construye la mirada masculina como universal, desjerarquizando e invisibilizando otras perspectivas posibles (siendo la mirada femenina el ejemplo paradigmático), llegando incluso hasta su anulación simbólica.

Lilén Gomez | Sep. 2022
Profesora en Filosofía

Cuando se habla de subjetividades masculinas en relación con el androcentrismo, no se hace referencia a toda identidad masculina, sino a cierto tipo de masculinidad, que ocupa una posición hegemónica al interior de la estructura social sexo-genérica, a saber, los hombres cisgénero (cuyo sexo biológico y género autopercibido son coincidentes), heterosexuales. A su vez, dentro del grupo conformado por quienes detentan esas cualidades, existen jerarquías internas, ligadas a la posición económica al interior de cierta clase social, la racialización, entre otras características.

Androcentrismo y género

La noción de androcentrismo se relaciona estrechamente con la concepción del género, entendido como una de las categorías a partir de la cuales se constituyen las relaciones sociales, en este caso, de acuerdo con una multiplicidad de representaciones identitarias que, si bien se apoyan sobre la percepción de diferencias entre los sexos, no se limitan a un correlato de aquellas.

Desde el punto de vista de la filósofa Judith Butler (1956) la identidad sexual, tanto como la expresión de género, son producto de construcciones sociales, históricas y culturales; de este modo, la subjetividad no es el resultado de un dato esencial, natural o biológico, sino que la idea misma de lo natural es creada por dispositivos de poder para fundamentar prescripciones normativas sobre el género. Esto quiere decir que el modo de ser “hombre” o “mujer” no depende de la constitución biológica de las personas, sino que responde a un conjunto de prácticas performativas, a saber, de prácticas que son actuadas por los sujetos al mostrarse de una u otra manera. Así, la gestualidad, los gustos culturales, la elección de ciertas prácticas deportivas, los tonos de voz o las formas de vestir, prefiguran la expresión de género de una persona, al interior de una sociedad y de una matriz sexo-genérica determinada.

Por ejemplo, al interior de las sociedades occidentales, la crianza de los niños desde su más temprana edad se orienta normativamente de acuerdo con una asignación de género dependiente del sexo con el cual son identificados al nacer, de modo tal que los varones son educados para juegos mayormente ligados a la fuerza o vestidos con colores oscuros (como el azul); mientras que los juegos propuestos a las niñas están, muchas veces, relacionados con tareas domésticas o de crianza, así como se las prepara para usar maquillaje, faldas y vestidos con colores claros (como el rosado), etcétera.

El género, de esta manera, se construye por medio de una repetición de prácticas culturales que se reproducen a través de las generaciones. Ahora bien, dichas prácticas, a su vez, se estructuran normativamente en torno a una óptica binaria que opone lo masculino a lo femenino, otorgando, al mismo tiempo, una jerarquía de lo primero sobre lo segundo.

La matriz normativa sexo-genérica es, en este sentido, androcéntrica, en la medida en que afirma la masculinidad hegemónica como superior frente a cualquier otro tipo de expresión de género —no solamente femenina—, relegando así a amplios sectores de la vida social a una forma de marginalidad material y simbólica. La consideración del varón como arquetipo ideal del ser humano se halla, a su vez, a la base de la conformación patriarcal de las sociedades.

Androcentrismo y ciencia

Diversas corrientes pertenecientes al campo de los estudios feministas de la ciencia han señalado el androcentrismo como una problemática que atañe de manera específica a los procesos de construcción del conocimiento.

La crítica feminista hacia la pretensión de “universalidad” de la ciencia pone de relieve el carácter situado de los y las científicas en tanto sujetos cognoscentes. Esto quiere decir que los conocimientos elaborados desde la perspectiva de los sujetos dominantes —no solamente en cuanto a su género, sino a su clase social, pertenencia étnica, etcétera—, si bien se presentan normalmente como neutrales, excluyen de su campo de visión a las perspectivas de los grupos oprimidos y, por lo tanto, carecen de una objetividad fuerte.

 
 
 
 
Por: Lilén Gomez. Profesora en Filosofía, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Desempeño en el ámbito de la docencia y la investigación, en áreas de la Filosofía Contemporánea.
Trabajo publicado en: Sep., 2022.
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Referencias

Acosta, C. A. D. (2010). Judith Butler y la teoría de la performatividad de género. Revista de educación y pensamiento, (17), 85-95.

Morales, P. L. (2015) Discusiones Teórico-epistemológicas respecto de las categorías Androcentrismo y heterosexismo. UNC, CEA.

Campagnoli, T. D. M. (2003). Androcentrismo y género: ¿Una fusión teórica posible?. II Congreso Iberoamericano de estudios de género. Voces en conflicto, espacios de disputa. Univ. Nac. De Salta.

Bernabé, F. N. (2019). Androcentrismo, ciencia y filosofía de la ciencia. Revista de humanidades de Valparaíso, (14), 287-313.
 
 
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